¿Quién dijo que había tocado fondo....?
Ya no solo es el Presidente Boric y su Círculo más íntimo, también es -nada menos- que el Consejo de Defensa del Estado (CDE), como parte de esta seguidilla de colusiones faranduleras, de un Gobierno al que le importa un rábano, la ética, la moral, el sentido común y las buenas costumbres.
El pago de $40 millones por el CDE para evitar un juicio que es legal, pero éticamente cuestionable. Prioriza proteger la ya desprestigiada imagen del Estado sobre garantizar justicia, fomenta impunidad y genera desconfianza pública.
En un acto que raya en lo inmoral, el Consejo de Defensa del Estado, que debería defender los intereses del país, utilizó 40 millones de pesos de todos los chilenos para silenciar a una funcionaria víctima de acoso sexual, discriminación política y desprotección. Lo más grave es que esto no es un hecho aislado. Desde septiembre, el Gobierno del Presidente Boric y algunos de sus colaboradores han estado involucrados en acusaciones por acoso sexual, violaciones y difusión de imágenes íntimas. ¿Hasta cuándo permitiremos que nuestras instituciones se conviertan en cómplices silenciosas de estas atrocidades?
El Ministerio Público guarda silencio. El Congreso, que siempre encuentra tiempo para debates triviales, no ha dicho ni hecho nada. Es indignante que frente a hechos tan graves, quienes tienen el deber de investigar y fiscalizar el poder decidan mirar hacia otro lado.
Chile no necesita más encubrimientos ni pagos silenciosos. Necesitamos justicia. Exijamos al Gobierno que cumpla con su programa político y deje de utilizar recursos públicos para proteger a los responsables. Basta de impunidad. Es hora de actuar.
Tocó fondo o aún se puede desprestigiar más???
Hoy para La Moneda, el Presidente Boric y su círculo más cercano, que para que quede claro, no incluye a Carolina Tohá, son capaces de cualquier cosa para salvar su mentiroso y revolucionario relato. ¡Atentos a eso!
¿ES LA FORMA DE VESTIR EN UN FUNERAL COMO "GUARDIA DE HONOR?
El Presidente de Chile, en el excongreso, en los funerales de una diputada, en una "Guardia de Honor".
Por supuesto que sí, pero para él y su proyecto cultural revolucionario que busca destruir todo lo establecido.
Vanalizar el poder se refiere a restarle solemnidad, respeto y simbolismo al cargo que se ocupa, especialmente en una posición de liderazgo como la presidencia de un país. En el caso de un presidente que opta por vestirse sin corbata, asistir a un funeral en manga corta con la camisa por fuera u otras actitudes similares, se puede interpretar como una falta de respeto al protocolo o a las expectativas de formalidad que el cargo requiere.
Estos actos pueden tener varias lecturas:
1. Desprestigio del cargo:
Al no respetar ciertas normas sociales y protocolares, se percibe que el presidente no reconoce el peso histórico e institucional que representa la figura presidencial. Esto puede disminuir la autoridad y la seriedad asociadas al puesto.
2. Distanciamiento del pueblo:
Aunque algunos argumentan que una vestimenta más casual refleja cercanía con la ciudadanía, también puede interpretarse como una actitud que banaliza la importancia de los momentos solemnes y los símbolos republicanos.
3. Pérdida de legitimidad simbólica:
La presidencia no solo es un cargo administrativo, sino un símbolo del estado y la nación. Actitudes consideradas "irreverentes" pueden ser vistas como un desprecio hacia los valores, tradiciones y respeto institucional del país.
4. Mensaje político ambiguo:
Estas acciones pueden parecer intencionadas para proyectar una imagen de "normalidad" o "progresismo", pero corren el riesgo de transmitir una falta de preparación o de comprensión de los códigos de conducta esperados.
En resumen, actos como estos pueden ser percibidos como una trivialización del poder y de los valores que el cargo presidencial representa, afectando la percepción pública de liderazgo, dignidad y responsabilidad asociadas a esa posición.
La gran diferencia entre Inglaterra y Chile: renuncias por ética vs. aferrarse al cargo.
El caso del exsubsecretario del Interior, Manuel Monsalve, acusado de violación sexual, ha puesto al gobierno de Gabriel Boric en su momento más oscuro. Lo curioso es que mientras en Inglaterra, en situaciones similares, las renuncias se producen como un acto de responsabilidad y ética, en Chile parece que los cargos son más difíciles de dejar que una relación tóxica.
El 30 de junio de 2022, el diario The Sun publicó que Chris Pincher, subjefe de la bancada conservadora, había manoseado a dos hombres en un club privado de Londres. Esto llevó a su inmediata renuncia al cargo, aunque no a su escaño parlamentario. Días después, salieron a la luz antecedentes de conducta inapropiada previa. Boris Johnson, quien lo había nombrado, ya conocía estos antecedentes. Los ministros de Economía, Rishi Sunak, y de Salud, Sajid Javid, decidieron dimitir el 5 de julio de 2022. A ellos les siguieron más de 50 renuncias de viceministros y altos cargos en apenas 48 horas. No porque fueran culpables de algo, sino porque entendieron que trabajar bajo el liderazgo de alguien que manejó tan mal el caso no era ético ni sostenible. Las palabras de Sunak lo dicen todo: “Los ciudadanos esperan que el gobierno sea dirigido de una forma apropiada, competente y seria”. Renunciaron porque no se aferraron al poder ni al sueldo. Punto.
El 16 de octubre de 2024, el entonces subsecretario del Interior, Manuel Monsalve, fue denunciado por violación sexual. Ese mismo día, al menos, 12 personas en el gobierno, incluida la ministra del Interior, Carolina Tohá, ya sabían del caso. En lugar de actuar, decidieron esperar. Se le permitió a Monsalve viajar al sur de Chile en medios institucionales para ver a su familia (¡qué considerado el gobierno!), y lo más increíble: el 17 de octubre Monsalve asistió al Congreso para exponer sobre el presupuesto del Ministerio del Interior, acompañado por Tohá, sabiendo que la denuncia estaba en curso. Su renuncia solo se hizo efectiva esa tarde, cuando la prensa reveló el escándalo. En otras palabras, no renunció por principios, sino porque lo pillaron.
Hoy todo Chile lo sabe, pero nadie se atreve a afirmarlo con fuerza: las evidencias judiciales y públicas desde el primer día apuntan directamente al Presidente Boric y a sus cercanos asesores. Las investigaciones confirman que Boric y su círculo más próximo manejaron pésimamente la situación. Permitieron que Monsalve siguiera desempeñando funciones públicas y retrasaron su renuncia, en un intento burdo por controlar la narrativa. Esto no solo compromete la transparencia del gobierno, sino que evidencia un liderazgo ineficaz y una ausencia total de empatía hacia la víctima. Por mucho menos, avergonzados de lo que ocurría, en Inglaterra renunciaron más de 50 autoridades, incluyendo al propio Boris Johnson. Y aquí en Chile no solo no renuncian, sino que se esconden y hay que pedirles la renuncia a la fuerza, como si fuera un favor.
Mientras en Inglaterra los integrantes del gobierno renunciaron para no ser cómplices de un mal manejo, en Chile pareciera que hay que sacarlos con una grúa. Ni la denuncia por violación sexual ni las críticas de encubrimiento y hostigamiento a la víctima, fueron suficientes para que alguien más en el entorno de Boric asumiera su responsabilidad. Más aún, se acusa al gobierno de un “pacto de silencio” para proteger a Monsalve. ¿La víctima? Por un largo tiempo, permanecio totalmente bandonada. Ni apoyo ni justicia ni nada que se asemeje a un gesto de humanidad. Pero a Monsalve, todo el respaldo posible: viajes, tribuna en el Congreso y hasta una rueda de prensa en La Moneda.
En Inglaterra, se priorizó la ética y el compromiso con la ciudadanía. En Chile, parece que los cargos valen más que la decencia. La diferencia entre los gobiernos de Johnson y Boric no podría ser más evidente: en uno, los funcionarios demostraron que el poder no lo es todo; en el otro, parece que no saben soltar el sillón. Porque claro, renunciar implica responsabilidad y ética. Y eso, al parecer, en Chile todavía no lo entendemos.
Así las cosas, no es exagerado decir que Gabriel Boric está tremendamente desprestigiado. Las encuestas, tan solo con un 22% de aprobación, lo confirman, los hechos lo respaldan y el sentir ciudadano lo deja claro: su liderazgo ha caído en picada, y no parece haber señales de recuperación. Lo peor es que, lejos de asumir responsabilidades, se aferra al cargo, convirtiendo el desprestigio en una constante de su mandato. Si en Inglaterra la ética impulsó cambios necesarios, en Chile pareciera que el poder vale más que cualquier principio.
Lamentable y tristemente cierto
ResponderBorrarEste calamitoso presidente es enfermo mental, digno representante de chilenos imbéciles.
ResponderBorrarLa cúpula del gobierno, en general, ha perdido el norte de su verdadero rol.
ResponderBorrarLa cabeza, hace rato que está "errática", y da el ejemplo. No se puede esperar mucho de ellos, más al apreciar todo Chile , la falta de claridad, en los valores que debieran ser la necesaria característica, de quienes nos representan.
Lo peor es reconocer en las autoridades que dirigen actualmente el país, ignorancia, desconocimiento de protocolos, falta de experiencia y otras faltas, porque con ello estamos fomentando la exculpación de la forma de ejercer el progresismo para crear las mejores condiciones de llevar adelante sus planes de destruir un país en beneficio de sus ideologías marxistas - gramscianas. El mejor ejemplo el gobierno de la Unidad Popular que termina con un pronunciamiento militar, que hoy por lo que marca la realidad, las FAs están lejos de querer salvar a un país que marcha nuevamente al abismo político.
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